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¡El regreso a la oficina!

Cuando el jefe se comunicó con nosotros por videoconferencia y nos dijo que la próxima semana regresábamos a la oficina, me invadió una sensación de molestia. Sin embargo, no puse mucha atención a ello al ver la expresión de gusto de mis compañeros, mejor guardé silencio.

El jefe comentó que nuestro regreso sería escalonado, que trabajaríamos ocho horas ciertos días, señaló que él se avocaría a organizar el regreso y una vez concluido, nos los haría saber por correo.

Al concluir la videoconferencia, no sé por qué, pero me sentía de malas, pensar que tenía que volver a levantarme más temprano, desplazarme al paradero donde tomaba el camión, esperar el transporte que me llevara a la base y de ahí caminar seis cuadras al trabajo, hacía que mi enojo fuera subiendo de nivel. Tener que desayunar un sándwich, una torta o un plato de fruta y un café.  A las 14:30 pm., tenía que salir a comer, buscar un restaurant que estuviera dentro de mi presupuesto. Al concluir mi jornada laboral, caminar nuevamente las seis cuadras, hacer cola para abordar el camión que me llevaría de regreso casa.

La verdad, ya me había acostumbrado a levantarme un poquito más tarde, a no salir, a desayunar y comer lo que fuera en casa. Sin embargo, ya tenía rato que no veía a mis compañeros de trabajo, no había esas reuniones de pasillo que tanto me gustaban, en fin, a comunicarme, a tener contacto directo con mis amigas y compañeros de trabajo.

Después de estar un rato a solas con mis pensamientos, empecé a cuestionarme: por qué me enojo si tengo un trabajo, en lugar, debería dar gracias a la Divinidad porque cuento con él. El enojo empezó a bajarse, sin embargo, no había desaparecido del todo, había algo más que no me dejaba estar en paz. Empecé a pensar en una serie de pretextos para no reconocer mis emociones, sin embargo,  no lograba que el enojo desapareciera de mí.

Finalmente comprendí que tenía miedo al contagio del virus del COVID, me había poseído esa emoción que toma diferentes formas, que nos envuelve, nos paraliza y no nos permite reconocerla. Tenía miedo de contagiarme a pesar de estar vacunada, pero también miedo de volver a la rutina del trabajo. Pensaba, ¿cómo es posible tener miedo al cambio? Ese miedo que me invadió igualmente al empezar a trabajar en casa (home office), pero lo importante ahora, era que había reconocido la emoción, había aceptado que tenía miedo.

Todos tenemos una serien de emociones al interactuar con el medio, eso es normal, pero reconocerlas y aceptarlas es importante.

Ahora entiendo todo este tiempo de estar en casa trabajando, también ha sido un tiempo de reflexión conmigo misma, ahora sé que puedo conocer mis emociones, que soy capaz de reconocerlas y aceptarlas, ¡solo así puedo cambiarlas,  manejarlas!

Creo que la mejor enseñanza que me ha dejado el haber trabajo en casa, es la capacidad de reflexionar, de mirar mis pensamientos y de reconocer qué estoy sintiendo.

Al realizar este análisis sobre mis emociones, el enojo ha desaparecido y he incrementado mi valoración sobre mí misma.

¡Se que tengo la capacidad para manejar mis emociones,

pero también sé que muchas veces no quiero hacerlo!