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La tercera ola del COVID 19, el incremento en los contagios y el surgimiento de la variante Delta del virus, me ha generado una gran angustia.

La angustia inicia con el despertarme temprano para irme a trabajar, diario tengo que levantarme a las cinco de la mañana para arreglarme e ir al paradero a tomar el camión. La angustia se incrementa cuando abordo el camión y alguna persona está cerca de mi o pasa junto para bajarse o sentarse.

Cuando bajo del camión, la angustia desciende un poco porque al caminar por la calle en dirección al trabajo, guardo más distancia de las personas.

¡Qué horror! Repetidas veces pienso cuando me dirijo al trabajo. Cómo es posible que esto nos haya pasado. Al llegar al trabajo me toman la temperatura, tengo que usar el cubrebocas todo el día y hay sobre cada escritorio un gel antibacterial con alcohol al 80% que nos han pedido que usemos de forma constante.

Antes era un gusto saludar de beso a los compañeros en el trabajo, ahora, me genera angustia, ¡no podemos saludarnos! cuando se acerca el jefe a solicitarme algún documento o pedirme apoyo para realizar un documento, mi reacción es inmediatamente retroceder y desinfectar todo papel que pasa por mis manos con mucho cuidado sin mojarlo demasiado para que no se corra la tinta.

¡Qué horror! Al concluir la jornada laboral, siempre se nos informa por correo electrónico, sí el día siguiente tenemos que ir a trabajar o haremos trabajo en casa (home office). Antes al salir de la oficina era un placer platicar con los compañeros o amigos, ahora, sólo levanto la mano y digo hasta luego, trato de caminar sola para ir a tomar el camión.

Durante el trayecto de la oficina al lugar donde abordo el camión, voy pensando por qué nos pasó lo de la pandemia, qué hemos hecho que generamos un virus que ha sido mortal para toda la humanidad.

Cuestionamiento que siempre va acompañado por la siguiente pregunta: ¿regresaremos algún día a cómo eran las cosas antes? Internamente, mi mente me dice que no, que hemos entrado a una nueva etapa de normalidad, en donde lo más importante es valorarme; valorar mi salud, mi oportunidad de vivir, de tener un trabajo y de tener familia.

Creo que esta situación que estamos viviendo a nivel mundial nos deja a todos, grandes lecciones, cuáles son las mías, creo que estoy en proceso de descubrirlas.

Lo que, si es importante, es reflexionar sobre mi angustia, aprender a vivir en la incertidumbre, en dar gracias diario por despertar, por tener salud, por tener un trabajo, por tener un techo y un alimento que llevar a la boca. A decirle a mi miedo o angustia que no me va a dominar, que no me va a enfermar, que sé vivir sin saber qué va a pasar mañana.

A decir, ¡gracias vida por la oportunidad que me has dado de escribir este texto!

Autora: Socorro Camacho

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